María y Eduardo han estado leyendo tranquilamente en el salón durante una hora. A la hora de ir a la cama, María comenta sarcásticamente, “Estoy encantada con esta noche tan fantástica que estamos pasando juntos, ¡como de costumbre!”. Eduardo se siente aturdido, pero cautelosamente se prepara para ir a la cama, prepara la cama y se dispone a dormir, mientras María espera durante una hora, sintiéndose irritada y deprimida.
Diálogo interno de María:
“El ya no comparte las cosas conmigo; esta hastiado de nuestro matrimonio. Sabe como me incomoda el que no hablemos como antes y no le importa nada. Y tenemos una necesidad especial de resolver qué hacer sobre el plan de vacaciones. Esta relación no va a ningún sitio, ya estoy harta”
Diálogo interno de Eduardo:
“Dios mío, cómo es posible que no podamos tener una noche tranquila relajados y haciendo nuestras cosas. Al contrario, ella seguro que quiere molestarme con nuestro plan de vacaciones. No puedo creer que lo arruine todo sacando a colación el viejo tema de que nunca nos comunicarnos. Ya estoy harto ¿Qué quiere de mí?”
ESTÁ LA PAREJA HABLANDO DOS LENGUAJES DIFERENTES
Eduardo ve las demandas de María sobre él como alguien que infringe su independencia e individualidad; María ve la necesidad de soledad de Eduardo como no querer estar casada con ella. Él teme estar atrapado; ella teme ser abandonada. Ambos se sienten irritados y heridos y la previsión es que la siguiente tarde Eduardo sentirá miedo de hablar con María, por sus probables reproches, intentará pasar desapercibido y tratará relajarse después del trabajo, mientras tanto María seguirá esperando irritada que Eduardo se comunique, como no lo hará, se irá deprimiendo cada vez más debido al deterioro de la relación. En esta situación cualquier comentario de María será percibido por Eduardo como un intento de ataque, hasta el comentario más inofensivo, por ejemplo si ella comenta que su falda no hace juego con el resto de la ropa, Eduardo dirá “Ese no es asunto mío”, María lo interpretará como un rechazo, y así continuarán su particular baile de dañarse y enfurecerse, cada uno desde su perspectiva, sin entender la posición del otro. Y la relación entre ellos se resentirá más y más.
Esta clase de comunicación rota puede existir en cualquier clase de relación de amor-sexo o entre amigos o miembros de la familia. Debido a que mayoritariamente las relaciones de amor-sexo son entre hombres y mujeres, es importante echar un vistazo a los mensajes de rol sexual, para que en ellos podamos encontrar en gran medida el material de base de muchas de las creencias irracionales que subyacen en las dificultades de la relación de pareja.
Desde una edad temprana, a las chicas se las enseña que deben ser agradables y dulces que no deben ser muy asertivas y que tienen que tener un hombre en sus vidas para estar completas, ser valiosas y tener éxito en la vida. Y se convencen que son odiosas si sus caras y sus cuerpos no tienen la apariencia de una modelo de 20 años.
Con la tendencia a ver la mayor realización de su vida en términos de una relación de amor-sexo, gastan una considerable energía apegándose a pobres (e incluso físicamente abusivas) relaciones; y se sienten extremadamente deprimidas y ansiosas cuando no tienen pareja o cuando su pareja no conecta con ellas de la forma como les gustaría. Por el contrario, no identifican una variedad de conductas disfuncionales que están desarrollando tales como malhumor, pasividad, dependencia, y abandonan importantes áreas de sus vidas, incluyendo el trabajo y otros intereses vitales. Deben superar los roles sexuales establecidos y ser asertivas, o decidir vivir sin un hombre, pero con el riesgo de no ser tan valoradas socialmente.
Aunque en estos momentos las jóvenes parecen ser muy diferentes a generaciones anteriores, lo cierto es que siguen respondiendo a estos estereotipos aún cuando no sea tan evidente socialmente. Sigue queriendo conseguir un hombre por encima de todo, desarrollando todo tipo de estrategias para lograrlo, quizá con comportamientos más agresivos, empeñándose en que tienen que ser eficaces cuando realmente las estrategias agresivas provocan el efecto contrario.
Como resultado de esta programación, las mujeres desarrollan comportamientos que dificultan la relación de pareja, entre ellos:
- Conceden una importancia extrema a las emociones, desatendiendo otros aspectos de la realidad de la relación
- Responden a las situaciones de conflicto con una expresividad emocional tan intensa que desconciertan o irritan al otro
- Consideran que es imprescindible hablar acerca de los temas que les preocupan inmediatamente
Mientras las chicas juegan a juegos naturales con muñecas y compartiendo sus pensamientos íntimos, los chicos se divierten con juegos de guerra y luchas o disfrutando con enfrentamientos físicos. Aprenden las reglas de la masculinidad: los hombres no deben enredarse en ninguna clase de conducta que pueda parecer “femenina”, tal como revelar sentimientos de flaqueza, compasión, miedo o sentir daño. Si deciden expresar emociones, corren el riesgo de ser reprobados por los hombres e incluso por las mujeres también. Y el miedo último -el ser considerado como homosexual- mantiene a muchos hombres alejados del riesgo de relación emocional con otro hombre y así recibir apoyo emocional.
El concepto propio de masculinidad es el de “roble robusto”, haciendo referencia a que los hombres deben estar orientados hacia la acción, la independencia, el control, ganar mucho dinero, teniendo además mucho cuidado de no revelar que no tienen habilidades para manejar cualquier situación.
Como resultado de esta programación, los hombres desarrollan tamién problemas en sus relaciones íntimas, básicamente relacionados con déficit en su inteligencia emocional:
- En general, poseen pobres habilidades para identificar y procesar emociones, como resultado se abruman frente a la expresividad emocional de una mujer.
- Desarrollan sentimientos intensos de frustración, indefensión y rabia, que no pueden expresar pues son calificados de agresivos
- Presentan dificultades para ser capaces de jugar y disfrutar con actividades no orientadas hacia objetivos concretos. Su capacidad para hablar y hablar sin un objetivo pragmático está muy limitada, no entienden la comunicación como un mecanismo de descarga emocional, ellos no la necesitan.
Afortunadamente, ambos, hombres y mujeres, pueden beneficiarse del aprendizaje del sistema de actitudes y comportamientos que han ido adquiriendo a lo largo de su historia individual y como pareja. Considerar que la conducta de nuestro compañero o compañera en la relación es una consecuencia natural de la forma que hombres y mujeres son educados, puede ayudarnos a desarrollar la empatía y la tolerancia necesaria para afrontar la recuperación de la relación. Podemos aprender a frenar pensamientos tan centrados en nosotros mismos y nuestras necesidades y estar menos molestos cuando nuestros compañeros no se comportan de la manera que a nosotros nos gustaría.
Entender, respetar o simplemente tolerar el punto de vista o el comportamiento de nuestra pareja, no implica desprendernos de nuestras preferencias, deseos y esperanzas de que nuestros compañeros conecten con nosotros de la mejor forma posible. Por el contrario, la meta es conseguir eliminar nuestras peticiones absolutistas, todas esas demandas rígidas y egocéntricas que impiden nuestro crecimiento y el crecimiento de la relación. Para ello se necesita tiempo, motivación, paciencia e información.
No podemos, de forma realista, esperar que alguien que puede estar emocionalmente necesitado, deje de estarlo de un momento para otro, o que una persona que parece alérgica a hablar con nosotros, se muestre cercana y empática en cuanto iniciemos el acercamiento. Desembarazándonos de nuestras demandas y enfrentándonos a la quizá difícil realidad que nuestra relación está deteriorada ahora, maximizamos nuestras oportunidades de tener mayor éxito como agentes de cambio.